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jueves, 29 de marzo de 2012

Cantus Mysticus - John Tavener

CANTUS MYSTICUS John Tavener
Obra para Soprano, Clarinete en Si bemol, Violines y Violonchelos
John Tavener recibió como comisión esta obra, esta “miniatura” de 7 minutos, que dobla la duración de un tema de música popular, pero que dentro de la mayoría de los cánones clásicos es una duración media, e incluso comparada con otras obras, corta. Se compone de un solo movimiento, con una música sencilla, aparentemente simple, transparente y cristalina como el agua. En la première de la obra tenemos a Patricia Rozario, cantante inglesa cuyo origen está en Bombay, católica y soprano musa del compositor, Enric Lluna al clarinete en Si bemol, la Madrid Community Orchestra y dirigida por el propio compositor John Tavener, estrenada el 22 Marzo de 2005, dentro de la semana de música religiosa de Cuenca.

La música desprende una ternura y sencillez, típicas del compositor inglés, además de un cierto sabor un tanto nuevo que empezó con The Veil Of The Temple, en el cual empezó a incorporar textos y tradiciones musicales y religiosas diferentes a las de su credo, el de la Iglesia Ortodoxa. Aun así el sigue componiendo muchas veces en Grecia y esta obra la compuso en una de las islas griegas, en Pigadaki, Evia.
Así, la obra se sostiene a través de pequeños momentos de contraste entre la ternura y la alegría llena de “Lîla” con ese juego divino simbolizado por las pequeñas explosiones de improvisación del clarinete en Si bemol, y la imitación gozosa del Soprano cantando palabras en Hindú o palabras refiriéndose a la Virgen María, palabras que no se entienden muy bien cuando las canta, pero me da la sensación de que el autor quería que la voz imitara a ese clarinete desatado de alegría.
Los protagonistas son la voz soprano (como no podía ser de otra manera viniendo de Tavener en el cual la voz es primordial y esencial) y el clarinete en si bemol, mientras que los violines y violonchelos hacen de acompañantes de los “instrumentos melódicos”.

La música es de un carácter cantábile y modal, lo que denota muchas veces un estilo cantable, en general accesible, aunque sin tanto desarrollo como sucede con el sistema de modulaciones y el sistema de la tonalidad, con sus polos tónica-dominante-subdominante. Aquí no hay sistema de tónica-dominante-subdominante. Tavener, como en muchas otras obras, compone con “centros tonales”, con modos, pero no hay funciones armónicas o se escapan las mismas debido a la ambigüedad o al poco desarrollo armónico.


En cuanto al análisis musical tenemos la indicación de blanca a 48, como tempo, y como compás 5/2 la frase introductoria del clarinete en Si bemol seguida de un compás en 4/2, con un centro tonal en Fa. En concreto aparecen siete notas diferentes: Fa, Sol, La, Si bemol, Do, Re y Mi bemol, lo que sugiere la escala de Fa mixolidio.

A continuación tenemos rítmicamente de nuevo 5/2 + 4/2, la voz casi repitiendo la misma melodía del clarinete en la misma escala y acompañada de una nota pedal Fa en uno de los violines, como si fuera un ison de un canto bizantino.
Después de esta introducción, primero con una melodía de clarinete y después de la Soprano, hay una pequeña parte de dos violines que sigue un recurso bastante utilizado por Tavener, pienso por ejemplo en The Lamb. En este caso coge la nota Fa, con dos violines al unísono, la nota que es el “centro tonal” de gran parte de la obra, y lo que hace es crear diadas a partir de la inversión. En concreto, el primer violín toca Fa, Sol, La, Si bemol, Fa, Re, Fa, Si bemol, Do, Mi bemol, Do en escala ascendente, mientras que el segundo violín , de manera descendente, toca la inversión a partir de Fa, es decir Fa, Mi bemol, Re bemol, Do, Fa, La bemol, Fa, Do, Si bemol, Sol, Si bemol.

Hasta aquí tenemos la obra rítmicamente en 5/2 + 4/2, mientras que en la siguiente frase de Clarinete aparece el 9/4, el 2/2 y el ya mencionado 4/2. Una frase melódica que me recuerda a la escala Hijaz, y las escalas muy utilizadas en los Balcanes, Oriente Medio y música bizantina, y que muchos llaman Judeo-Árabe-Española, debido a ese tricordo Re, Mi bemol, Fa sostenido, con su intervalo de segunda aumentada tan característico.
Esta configuración rítmica se mantiene varias frases más, primero la Soprano que canta el texto de Goethe, en alemán Das ewig Weibliche zieth uns hinan (The Eternal Woman draws upwards), sobre una nota pedal de violín en Re, introduciendo en la melodía Fa sostenido, además del Fa, el Mi bemol, el Mi… , después los violonchelos tocando a partir de Re y a partir de La bemol respectivamente, el primero ascendente a Fa# y el segundo descendente a Mi, el primero “la melodía principal aguda” y el segundo tocando su inversión.

Hasta este momento de la obra podemos varias características: rítmicamente la composición de 2 o 3 compases, concretamente 5/4 + 4/2 y 9/4+2/2+4/2, tonalmente, el centro en Fa con carácter mixolidio, aunque va de Fa a Re a La bemol, justo las dos notas que están a distancia de tercera menor de Fa. Estas dos notas, Re y La bemol juegan un papel importante al ahora de hacer melodías aquí, con sus inversiones, y este tritono aparece en más de una ocasión. También estas notas aparecen como notas pedales. En cuanto al texto, solo aparece esta frase, denotando como John Tavener con unos pocos medios consiste sostener una obra, digamos que es su característica minimalista, a pesar de que a él no le gusta el término.
Luego pasamos a una sección en tutti, una sección homofónica, es decir, que todos los instrumentos se mueven con las mismas figuras rítmicas. El movimiento entre el clarinete, la voz, los violines y los violonchelos es casi siempre paralelo, es decir que si un instrumento o voz asciende, el resto hacen lo mismo. La dinámica es pp en toda esta parte, rítmicamente predomina el 3/2, con pequeños momentos en 2,4 o 5/2. Los acordes son básicamente tríadas, mayores y menores, con algunas excepciones, como por ejemplo el acorde La- Mi bemol – Do, que aparte de ser un La disminuido denota la importancia del intervalo de tercera menor (antes Re-Fa- La bemol, ahora La-Do-Mi bemol). Esta sección es tranquila y puede recordar a momentos típicos del compositor, en especial aquellas obras que fueron “etiquetadas” con el nombre del minimalismo sacro, obras en especial de finales de los años 80 y durante toda la década de los 90.

Y aquí llega el punto culmen o clímax de la obra, donde como “pájaros en éxtasis” (Así dice la partitura), la Soprano canta sobre la Virgen Madre o sobre la Eterna Feminidad, mientras que el Clarinete le sigue en este éxtasis. Unas frases cuyas notas con accidentales son básicamente Si bemol y Mi bemol, recalcando el Fa mixolidio del principio, con algún Fa sostenido escapándose por ahí. La sección de cuerdas hace un canon a varias voces, y al final de la frase se enfatiza el Fa como nota central. Esta frase se repite tres veces hasta llegar a un solo de clarinete cuyo principio de frase está escrito y sigue rítmica y melódicamente el patrón de esta sección, pero luego el intérprete de clarinete tiene la libertad de improvisar durante un minuto en un estilo “Jazzístico” (Según la partitura) y volverse “más salvaje” hasta finalizar en un tremolo de Fa.
De nuevo los “pájaros en éxtasis”, cantando Patricia Rozario “Mahaja Pravati Virgine Madre”, utilizando el clarinete y la voz soprano las notas de la inversión de esa melodía que tocaba el segundo violín al principio, a partir de Fa, es decir la inversión: Fa, mi bemol, re bemol, do… Canon de nuevo de los instrumentos de cuerda, hasta tres veces se repite esta frase, y de nuevo el clarinete con una frase, más 30 segundos para improvisar, y finalizar en un trémolo de Fa.
Después de este éxtasis y esta parte llena de “Lîla” o juego divino (“Lîla” viene del sánscrito y al igual que la Sinfonía Turangalîla de Messiaen, significa juego divino, juego de amor), viene la Coda final, negra a 68, tempo tranquilo, 4/4 y 8/4, el si bemol y el mi bemol, y un final que si no fuera por el mi bemol, tiene un sabor de Re menor, de hecho acaba la obra con las cuerdas tocando Re menor. Pero la aparición del mi bemol nos hace ver que estamos en Re frigio. Así termina la obra con un carácter sombrío.

La verdad es que esta obra corta de John Tavener refleja muy bien su última etapa, un poco más abierto a volver utilizar disonancias, algunas explosiones de virtuosismo por parte de voces e instrumentos, y una cierta alegría al abrirse en su vocabulario musical.
Eso sí, aquí ni en ninguna otra obra que conozco de sus últimas obras llega a haber niveles de disonancia o extremos de contraste como en sus primeras obras de juventud (pienso en The Whale o Celtic Requiem).

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