EUNTES IBANT ET FLEBANT(1972) Henryk Mikolaj Górecki
Acabo de adquirir una partitura de uno de mis compositores polacos preferidos Henryk Górecki, el cual lo meten dentro del saco del “minimalismo sacro”. Aunque considero, por lo que conozco de él hasta ahora, su etapa más interesante una especie de etapa de transición donde elementos modernistas y elementos tonales y más tradicionales se cruzan. De hecho, en esta década, la de 1970, década fascinante para el mundo del rock y del jazz, es una década también fascinante para el mundo de la “música clásica” (“Contemporánea”). En los años 70 se desarrolla el rock progresivo con todas sus variantes, el jazz rock y fusión con todas sus variantes, y en la música “clásica contemporánea” se empieza a cuestionar que la vanguardia sea solamente serialista, dodecafonista o atonal (minimalismo tonal y modal, espectralismo, neo-romanticismo..).
Euntes Ibant et Flebant es una obra de la época transicional de Górecki, si bien Górecki fue considerado como el “más modernista” de los “tres minimalistas sacros” (un juicio un tanto cuestionable). La obra es para coro (Soprano, Alto, Tenor y Bajo/barítono).
Negra entre 50 y 52, a ritmo de 2/4 en dinámica p, cantan las altos y los tenores “Euntes” sobre un pedal de Re, mientras otras voces suben a Mi o incluso aFa, llegando a formarse un “cluster diatónico” (re-mi-fa). Euntes Ibant , con un solo compás en ¾, el resto 2/4 y seguimos en dinámica p y siguen utilizando las mismas notas (Solo re, mi y fa). Durante los primeros 2 minutos de la obra, el tema es atmosférico y es un buen ejemplo de “minimalismo”, con que “pocos recursos” sostiene el ambiente y la música pasa con una sola dinámica, hasta que crece esa misma dinámica y las voces se mantienen en una tesitura de tres notas (re, mi y fa) y además solo utiliza las altos y los tenores. Además como poco a poco introduce el texto, primero Euntes, luego Euntes Ibant, y por último Euntes Ibant et Flebant. Y para finalizar esta parte, solo la palabra Euntes, aumentando al final en 4/4 la sílaba “tes”.
En el siguiente minuto se introduce un canto, que creo que es tradicional “venite adoremus” que hace que la música adquiera mayor variedad rítmica, debido a que toma importancia el canto, un canto parecido al canto llano, que solo utiliza re-mi-fa , 6/4 e incluso un ¼ aparecen. Siguen las voces “ambientales” que dan misterio ya que es una música entre comillas “tonal” sobre Re, pero armónicamente no se mueve, y el acorde en sí es el cluster diatónico ya mencionado, aun así el canto de venite adoremus da una sensación de “mayor seguridad” frente a ese cluster armónico.
Justo al acabar venite adoremus se añaden a la textura las Sopranos y los Bajos, y hace que aumente la textura tanto en lo grave como en lo agudo, dando mayor sensación de densidad, mayor relleno que hace que aumente la emoción. La intensidad general es de pianísimo, dando esa sensación de misterio y de ambiente que tiene esta partitura. Esa economía de medios y esa intensidad que pocas veces cambia durante estos primeros 4 minutos y 44 segundos que hace que la sensación de misterio y de suspensión del tiempo sean constantes y no nos dejen. La suspensión del tiempo, esa “herramienta” que Olivier Messiaen en obras como “Le Bánquet Celeste” para órgano o en las “Louanges” del Cuarteto para el Fin de los Tiempos hagan que en el minimalismo sacro se explote hasta límites insospechados. Górecki, Part y Tavener explotan este recurso bastantes veces.
Y en el minuto 4, segundo 44, eh voìla, tenemos una nueva nota. ¡Aleluya!, un si bemol, y el primer acorde nuevo, que es una diada si bemol-re, otra característica de la música del siglo XX (por ejemplo en el rock). El tempo sube entre 66 y 69, se añade incluso alguna nota más adelante ( Do) y aparece una dinámica ff , la dinámica MÁS FUERTE hasta ahora que ENFATIZA el cambio y la fuerza de este momento, es el punto medio de la obra, el punto de inflexión. Las palabras cantadas por todo el coro, en latín, se cantan la mayor parte con fuerza en dinámica de ff, un momento álgido, no sabría decir si un clímax, aunque para mí si que produce un clímax emocional después de la sensación de misterio y de ambiente de los casi primeros 5 minutos, y aunque aquí hay más “movimiento”, el tempo es más rápido , las figuras rítmicas o duraciones son más cortas, el “movimiento armónico” es mínimo. “Euntes Ibant et Flebant, mittentes semina sua. Venientes autem venient cum exultationes portantes manipulos suos. Las notas se mantienen hasta llegar al último suos donde la dinámica “súbitamente” baja a piano, y es que hay una descarga de energía en la cual el oído, pero también la emoción pide algo de calma, de serenidad, de reposo después de ese “vaciamiento de energía”. Justo ese momento tiene un acorde que también podríamos calificar de cluster diatónico o incluso mejor, un cluster de tonos enteros o “lidio”, el formado por si bemol, do, re y mi, abarcando las tesituras desde el bajo hasta el soprano, un reposo “ambiguo”, “atonal”, un reposo que en vez de sensación de seguridad nos da sensación de misterio, de desconocimiento.
Para volver a esa sensación de voces ambientales, casi “guturales”, en dinámica piano, suave, misterioso, ambiguo, también podríamos decir místico, pues gran parte de la obra tiene un carácter meditativo, ambiental y modal que no busca una narración lineal, sino de momentos, cada momento es importante, y cada momento es una aumentación o disminuición de un momento anterior, jugando con el tiempo psicológico, y con una música lejos de ser una total repetición de secciones como en ciertas músicas techno o en ciertas músicas “pop”, en la cual el tiempo está basado en ciclos y el presente está influido por el pasado y el futuro partirá de este presente.
Y justo en la penúltima página, por el minuto 7 segundo 25 en Ibant aparece un nuevo acorde, una nueva diada que es un cluster Re y Mi bemol. Y por supuesto, pequeña aumentación de la sílaba final, esta vez con una duración de 6 pulsos…..y al acabar esta parte ambiental que recrea el principio, aunque aumentando la textura a todas las voces, llega una hermosa coda.
La hermosa coda nos trae un tempo más lento, indicado en la partitura con un “molto lento” =46, partiendo de un ritmo de 4 pulsos, y a cada cambio de acorde se aumenta un pulso, es decir 5 y por último 6. Los acordes son Re mayor, si bemol mayor (que contiene como nota en común Re, y después del Si bemol mayor podría dar un aire al tercer modo de transposición limitada) y para concluir este tema atmosférico, mitad modernista, mitad “tradicional” Re menor, lo cual podríamos interpretar como ¿Cadencia VI – I?. En la tonalidad tradicional sí, pero por el movimiento de las voces y de este tema no estoy muy seguro. Eso sí, confirma que lo que el inicio mostraba se da al final: que este maravilloso tema tiene un centro tonal que es Re, y que es de carácter menor en general.
Con esta coda se mantiene después de un rayo de luz en ese acorde de Re mayor un aire de misterio, incluso de otra época en esta tonalidad extraña de Re menor, que parece lejana a nuestro mundo del día a día y que sin embargo llega a lo profundo de nuestro ser.
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